Salazar empezó su gobierno en una situación muy desventajosa. Sucedió a un alcalde muy exitoso y lo hizo en medio de la recesión económica y el coletazo de las disputas entre bandas criminales. La coyuntura enfrió el optimismo paisa. Esto les dio pie a sus muchos adversarios para darle garrote. Medios como Radio Súper y Teleantioquia Noticias se ensañaron contra él; no hablemos de la prensa y la televisión bogotanas.
Sin embargo, el Alcalde mostró previsión en dos temas fundamentales. Le metió la ficha dura a la inversión para amortiguar los efectos sociales de la crisis y logró unas cifras buenas de generación de empleo. Y desde el primer día le plantó cara a los nuevos problemas de inseguridad, publicando los nombres de los nuevos mayores delincuentes y destapando la olla podrida en la Fiscalía y la policía. Con la acción de la fuerza pública los resultados empiezan a verse.
La Administración impulsó el programa de mínimo vital de agua, que es ejemplar a nivel nacional y favorece a los más pobres. Salazar se apersonó del problema de la calidad del diésel y logró que Ecopetrol empezara a atendernos mejor, lo que redundará en una mejora en la calidad del aire. Ha fortalecido los procesos de participación ciudadana y logró atraer más de un millón de turistas en el 2009, desplazando a Bogotá del segundo lugar.
Hay deficiencias. A funcionarios que serían buenos en tiempos normales, la situación dura les mostró rápido su nivel de incompetencia. Al final, el equipo de gobierno es demasiado irregular y la mayoría de los secretarios o afines no dan la cara. Los que sí le han puesto el pecho a la brisa son los concejales. Hay temas muy rezagados: Metroplús, cultura ciudadana, control de gases, chatarrización, la recuperación del centro. Falta control en las licencias de construcción encima de Las Palmas y para los casinos.
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