¿Recibió con tristeza la noticia de no haber ganado el Premio Nobel de Paz?
Para nada. Haber sido nominada ya es para mí un gran triunfo, sobre todo porque el conflicto colombiano pudo ser conocido por mucha gente que antes no sabía lo que está sucediendo aquí en Colombia, y se le pudo decir al mundo que en Colombia hay un conflicto social y armado profundo, doloroso, de muchos años, que produce 4 millones de desplazados, 20 millones de pobres, 8 millones de indigentes…
Su postulación generó discrepancias, ¿por qué la nominaron?, ¿qué significó esa nominación?
Quiero entender esta postulación como una forma de legitimar las voces de las mujeres en la construcción de la paz. Esta nominación es un reconocimiento al valor y la fortaleza de las comunidades de paz, de las madres de quienes continúan privados de la libertad.
Estados Unidos ha sido un país considerablemente guerrerista, ¿qué opina del triunfo de Barack Obama como nuevo Nobel de Paz?
El triunfo de Obama es muy importante a nivel político y debe trazar la ruta de Estados Unidos en su política de paz a nivel mundial para que todo lo que dijo en su discurso de posesión sea una realidad. Ese premio debe significar el Obama de la esperanza, no el Obama de las bases militares.
¿El nuevo Nobel de Paz debe replantear la instalación de bases militares en Colombia?
Yo creo que sí. Y no sólo eso, la resolución del conflicto armado en Colombia debe ser una de las prioridades de Obama en la agenda de paz que deberá llevar por el mundo. Su premio, entonces, será fundamental no sólo para Colombia sino para toda América Latina, para la restitución de la democracia en Honduras, por ejemplo, para la eliminación de las desigualdades en el continente.
¿Pero no es esa una petición demasiado ambiciosa para un solo hombre, que además tiene a sus espaldas todo un sistema de Gobierno, una maquinaria estatal?
Pero es que ese premio es un compromiso. Obama de ahora en adelante debe ser el Obama de la paz y no de la guerra. Ese es el Obama que todos queremos ver, uno que desactive conflictos como el de Afganistán, o el de Irak o el de Guantánamo, es algo que se debe desplegar por todo el mundo: la profundización de la democracia, no a través de la guerra sino a través del fortalecimiento de la política.
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